De neuronas espejo, transferencia del conocimiento y principios de semana

Neuronas espejo y transferencia del conocimiento

La transferencia del conocimiento empieza en nuestras neuronas.

Suena el despertador. El pulso se acelera y abro los ojos. Los vuelvo a cerrar. Bostezo. Quiero dormir, volver al domingo o, mejor aún, al sábado. Mantengo los ojos cerrados, pero mi mente ya está despierta. Bostezo. No quiero pensar, rechazo cualquier idea. Pero no, ya no puedo, el reloj ha sonado y ha cumplido su función de aviso. Me estiro cual Alicia, pero en el país de las no maravillas. Bostezo: Irremediablemente ya es lunes.

¿Hay alguien que se sienta identificado con esta descripción o soy la única persona en el mundo a quien le sucede esto un lunes por la mañana? Incluso puede que alguien, al leer las líneas superiores, haya tenido tentaciones de bostezar y estirar los brazos (vale, asumo que puede que sea por puro aburrimiento del texto y no por empatía…).  Pues a quien le haya sucedido esto, le comunico que sus neuronas espejo ya están activadas, ¡enhorabuena!

Me encanta la empatía (espero no recibir miles de comentarios de familiares y amigos echándome en cara lo poco que la practico, ¡perdón, entonces!). Consciente de que es una de las capacidades que hace que nuestras relaciones con los demás funcionen bien, me fascina que detrás de ella se encuentre algo tan puramente científico: Las neuronas espejo.  Y aquí es a donde quería llegar hoy.

Consultad mis santos Google o Wikipedia, pero resumiendo: Las neuronas espejo son las responsables de que nos sintamos reflejados en los demás, responsables de nuestro comportamiento y aprendizaje por imitación; de hecho se activan cuando alguien realiza la misma actividad que está observando realizar en el otro. De ahí su importancia en la gestión del conocimiento.

La primera vez que asistí a un curso de Liderazgo pensé “pamplinas y músicas finas”, pero después comprendí: Gran parte de nuestro conocimiento lo adquirimos de nuestros congéneres, aprendemos de quienes nos rodeamos y son figuras clave aquellos que van por delante de nosotros, que nos supervisan, que nos guían o al menos lo pretenden. Por tanto, fijaos en la relevancia que tiene nuestro equipo de trabajo y nuestro trabajo en equipo, se esté en la posición en la que se esté: Todos y cada uno de nosotros somos espejos en los que se reflejan los demás, y no, no lo digo yo, ¡lo dicen las neuronas!

De ahí la gran importancia de los gestores de conocimiento: Realmente son almacenes de  conocimientos ajenos, bancos de “espejos” en los que reflejarnos, bases de experiencias que consultar  y de las que, por identificación y por imitación, aprender. Si nuestras neuronas están activas (un lunes a primera hora de la mañana puede que no mucho), al conectarlas a nuestro gestor del conocimiento las empaparemos de otros conocimientos y adquirirán otra dimensión.

Cómo me gustaría que en nuestro gestor del conocimiento tuviéramos incluido el saber de Giacomo Rizzolatti  y su equipo (valga este insignificante post como homenaje a ellos), de Paul Auster (¡ah, El libro de las ilusiones!), de Lennon (¡ah, Strawberry Fields Forever!), de Unamuno (¡ah, Niebla!),  de Chopin (¡ah, los Nocturnos!),  etc. a ver si así a mis neuronas espejo se les pegaba algo…

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