Gestión del conocimiento como creación de riqueza

En plena crisis económica, contextualicemos el momento en el que nos encontramos desde el punto de vista del desarrollo industrial y científico. Esto nos puede ayudar a entender los retos a los que nos enfrentamos, de manera individual y de manera colectiva en los próximos años. Se trata de entender de donde venimos para saber a donde vamos y sobre todo cómo dar el siguiente paso.

La historia de la humanidad no se podría entender separada de la evolución. Nos caracteriza como seres humanos querer saber y entender cada vez mejor el mundo que nos rodea, así como buscar la mejor y más eficiente manera de interactuar con él.

El conocimiento en sí es noticia todos los días. Lo es cuando se habla de la educación como la mejor garantía de futuro, lo es cuando se habla del descubrimiento del Bosón de Higgs y lo es cuando se constata que los países más avanzados económicamente tienen una mayor inversión en I+D.

También la búsqueda de la eficiencia es noticia todos los días. Se busca eficiencia cuando las grandes empresas implantan modelos de trabajo que mejoran la productividad, se busca eficiencia cuando se desarrollan tecnologías que permiten construir ordenadores de más capacidad y menor coste, se busca eficiencia cuando se investigan las energías renovables y se busca eficiencia cuando se desarrollan motores de menor consumo.

¿Cuál es el problema?

Desde la revolución industrial todo se ha vuelto más complejo. Antes, pensemos por ejemplo en Newton, era suficiente tener una mente prodigiosa para hacer grandes descubrimientos y formular grandes teorías. Antes también era suficiente con tener una idea brillante para inventar algo tan importante como, por ejemplo, la bombilla.
Cuando digo “únicamente” no quiero quitarle mérito, ni mucho menos, a tales descubrimientos e inventos. Lo que quiero decir, es que hoy en día es tan grande el conocimiento global de la humanidad, y está tan avanzado el desarrollo tecnológico, que es ya todo un logro llegar a adquirir una parte del conocimiento correspondiente a un área concreta.

Antes era posible, y común, que científicos y filósofos fueran expertos en muchas disciplinas humanas. Esto ahora no es posible, y así tenemos expertos muy especializados en un área y que por otro lado son casi analfabetos en otras muchas áreas. Incluso en una misma disciplina la complejidad ha aumentado mucho, tanto que afecta negativamente a la capacidad de documentación y comprensión y también a la transferencia de ese conocimiento a terceros.

En definitiva, las fórmulas que posibilitaron el progreso durante la revolución industrial no son suficientes para dar el siguiente paso.

¿Qué aspecto tiene el progreso a partir de ahora?

Todo esto nos indica que para seguir creciendo necesitamos herramientas y paradigmas nuevos. Estas herramientas están en el marco de lo que llamamos Gestión del Conocimiento. Veamos a continuación, como el Ingeniero Justo Miranda (2011) describe la Gestión del Conocimiento en el marco de “La tercera revolución del saber”:

  1. Primera revolución del saber: La revolución industrial. Es el conocimiento aplicado a la producción. Se sustituye la fuerza humana y animal por máquinas.
  2. Segunda revolución del saber: La revolución de la productividad. Se intenta mejorar la interactuación con las máquinas para lograr mejores resultados. Es la época del saber aplicado a la productividad.
  3. Tercera revolución del saber: La revolución de la gestión. Se trata del saber aplicado a la producción de saber. Se trata de aplicar conocimiento para obtener el conocimiento que necesitamos para generar esa productividad que finalmente nos hará crecer y generar esa riqueza que buscamos.

Como vemos entramos en una nueva dimensión, dimensión que necesitamos, no solo para crecer individualmente (una empresa u organización) sino toda la humanidad en general.

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