La gestión del DESconocimiento

Ejemplo del conocimiento y desconocimiento

Ejemplo de lo que conocemos y lo que desconocemos

Sí, sí, habéis leído bien: DES-co-no-ci-mien-to. Porque me pregunto si se mide lo que sabemos por lo que conocemos o más bien por lo que desconocemos, es más, ¿qué es realmente lo que nos interesa: Ser conscientes de lo que uno sabe o vislumbrar la vasta ignorancia en la que uno se halla inmerso? Y digo “vislumbrar” porque a nadie le gusta hurgar en la herida, por lo menos a mí no, así que como mucho echaremos una ojeada somera por el terreno del desconocimiento para que, en cuanto empiece a dolernos, dar carpetazo y mirar a otra parte.

Estas divagaciones comenzaron anoche alrededor de las doce y media (¿pero es que no tenía otra cosa en qué pensar? ¡terrible!).  Le estaba dando vueltas a las conclusiones a las que había llegado mi médico, preguntándome si no sería más lógico pensar en un diagnóstico B en lugar del diagnóstico A que él me había dado, estaba tan segura del error que acudí a la biblia Google, a la santa Wikipedia y al remedio TuMedicoEnInternetPuntoCom y tras comprobar que podía tener desde una terrible leucemia aguda hasta un varicela, pasando por una migraña, y terminando en un simple resfriado veraniego (en lo que me había insistido el médico horas antes), concluí que lo que tenía era un desconocimiento absoluto, y mejor dejar que el médico se encargara de diagnosticar, el cocinero a cocinar y yo, a esas horas, a dormir.

Reflexionando como he estado en los últimos tiempos sobre la idea de representar el conocimiento, transmitirlo, incrementarlo, etc. anoche no podía apartar mi mente de si la idea quizás no debería ser al revés y, por tanto, buscar la forma de gestionar el desconocimiento. Y recordé una frase que, como a muchos otros, me ha acompañado desde la infancia porque más de uno y de dos maestros se la habrán citado a sus alumnos en el afán de abrirles un poco los ojos para la vida que les espera: “Sólo se sabe lo que queda después de haber olvidado”. ¿Y cuánto he olvidado? ¿Y cuánto de lo que he olvidado necesito en mi día a día? Pero, ¿y cuánto de lo que he olvidado necesitaré el día de mañana? ¿Podré superar mi desconocimiento en el conocimiento de otros? ¿Y dónde acudir para encontrarlo?

La intersección entre conocimiento y desconocimiento.

En algunas empresas (doy gracias porque en las que he estado, lo han tenido) existen  bases de conocimiento (que no de datos), donde se almacenan las experiencias que han adquirido los empleados con el paso del tiempo y de los proyectos: Cómo afrontaron tal fase, qué hicieron, de qué manera, con quiénes contaron… Pero a tenor de mis últimos pensamientos, creo que deberíamos hacer otra  gran base de desconocimientos, que pusiera en relieve las grandes carencias de la empresa no sólo a nivel de formación, sino a nivel de experiencia, de recursos y de forma de trabajo (¡uf, eso debe doler!). Si pusiéramos en paralelo ambas bases, cual diagrama de Venn, podríamos ver quizás con grata sorpresa que se establecen ciertas intersecciones entre desconocimientos y conocimientos, y que lo que a unos les ha quedado, es lo que otros olvidaron o quizás nunca llegaron a saber pero, en cualquier caso, llegaríamos al conocimiento a través de reconocer nuestro desconocimiento.

 

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